jueves 2 de julio de 2009

¿EL CONDUCTISMO ES DIALÉCTICO?

Uno de los lugares comunes en la crítica externa al conductismo es la raigambre supuestamente “mecanicista” que atribuye a cualquier teoría conductual. No es necesario dar ejemplos, pues la literatura respectiva está llena de esas alusiones, y ni qué decir de las continuas repeticiones orales simplificadas que hacen de ellas muchos profesores y catedráticos de tendencias filosóficas e ideológicas, vinculadas al llamado “progresismo”. Por oposición a esto, lo que se relieva hasta el cansancio es la índole “dialéctica” de ciertas aproximaciones no conductistas.
Como Bunge suele puntualizarlo, más allá de las “definiciones” bastante generales de Hegel, de los clásicos marxistas y del catecismo pro-soviético, no hay registro preciso de aquello que los cultores dialécticos entienden estrictamente por dialéctica, siendo más una connotación metafórica que cubre una gran cantidad de condiciones cualitativas.
Ser dialéctico, en esta postura tercermundista, equivale a exhibir una serie de virtudes relativas tanto al acervo moral y conceptual como al enfoque teórico de base. En breve, a nivel de valores y competencias individuales implicaría por un lado el “compromiso con la emancipación de las clases populares” (en el sentido filo o neomarxista), y, por otro, en lo que podría calificarse de aptitud académica, ser capaz de utilizar un método reflexivo cuasi-intuitivo que permite captar con gran detalle el material analizado y sus diversas formas de desarrollo, descubriendo su entramado estocástico (acciones recíprocas y polaridades entre los elementos) dentro de la estructura total.
Dada la amplia extensión semántica de esta concepción, el rango de los enfoques teóricos considerados “dialécticos” parece indeterminado. Así, se han reclamado tales tanto los adeptos a los enfoques socioculturalistas, genético-constructivistas o post racionalistas y sistémicos, como en menor medida los dinámicos y humanistas. Lo que sí es seguro es el rechazo absoluto que todos ellos tienen respecto al conductismo como algo definitivamente “no-dialéctico”.
Pero ¿eso es realmente así?
La tesis (no exhaustiva) de este post es que, si queremos presentar el conductismo actual con una retórica dialéctica, eso sería extremadamente fácil. Incluso la “mecánica” de su funcionamiento se vería mucho más congruente con las propiedades conceptuales dialécticas que en otros casos teóricos. De hecho, ya he tratado este tema en otros lugares (por ejemplo pulsar 1 , pulsar 2), sin encontrar refutación alguna.
Así, como lo he dicho en esas otras ocasiones (a las que remito para la fundamentación bibliográfica correspondiente), ninguna de las cualidades analíticas atribuidas al método dialéctico es ajena al análisis conductual. Por ejemplo, si hablamos de las funciones “E-R”, éstas sólo son concebibles dentro de un sistema fluctuante de interdependencias entre las variables contingenciales que conforman un episodio de comportamiento, y con referencia a un contexto históricamente demarcado. Igualmente, su nivel de complejidad está determinado no por el carácter de su manifestación real, sino por la apreciación momentánea que el observador hace del tipo de interacción molar o molecular que requiere estudiar.
Técnicamente, un enfoque molar permite que cada clase general de conducta o sistema contingencial pueda ser la referencia para descubrir el orden y finalidad subyacente a la variedad de sus elementos, y servir de herramienta conceptual heurística. Un enfoque molecular, en cambio, implica que cada miembro de una clase conductual pueda ser susceptible de ser analizado exhaustivamente en sus unidades básicas, fraccionadas para el efecto.
En este sentido, el análisis de proceso que se lleva a cabo respecto al objeto de estudio incorpora los eventos discretos (ocurrencias inmediatas en términos paramétricos) como actividades que modifican el aspecto histórico del sistema contingencial, variándolo o confirmándolo en diversos momentos de su dinámica.
Podría hacer muchas otras disquisiciones complementarias a lo dicho, pero lo más “dialéctico” que encuentro en el conductismo es, esencialmente, su planteamiento contextualista de base respecto del objeto de estudio de la disciplina. Éste es uno solo: el comportamiento, una totalidad que comprende tanto aspectos “internos” como “externos”. La conducta como interacción molar o molecular entre el individuo y su entorno involucra en diversos planos tanto lo “subjetivo” como lo “objetivo”: lo cognitivo, lo emotivo, lo volitivo, lo motor y lo fisiológico, entendiendo que todo ello no funciona separadamente, sino que constituyen facetas del mismo ocurrir fenoménico y sujetas a las mismas leyes, lo que hace innecesaria la distinción entre eventos “observables” e “inobservables”.
Que este lenguaje no incorpore más frecuentemente la alusión a la consciencia ni otros términos caros a la terminología “progresista”, no quiere decir que no considere semejantes conceptos inmersos en la noción general de historia interactiva, y no como algo abstracto, pues está claro que se trata de productos social-verbales.
Por último, en el conductismo la relación entre la teoría y la práctica está muy articulada, partiendo de que el conocimiento real del mundo y sus fenómenos se puede lograr a través de sucesivos contactos con los eventos y su transformación. Esto es, mediante el empleo del método experimental y la verificación empírica de los principios y nexos que articulan la realidad. El error de los críticos anti-conductistas radica en achacar a estos procedimientos las falencias de la mecánica pre-relativista, juzgando que simpatiza con la causalidad lineal y necesaria del paradigma laplaceano, cuando para el determinista contemporáneo, como se sabe, la causalidad “necesaria” es reemplazada por la causalidad “legal”. Vale decir, “dados suficientes datos sobre ciertas dimensiones del espacio-tiempo, es posible inferir algo sobre otras similares con una probabilidad razonablemente elevada”. Eso es una concepción estocástica basada en regularidades estadísticas (por ejemplo, la ley del reforzamiento).
Existe una multitud más de señalamientos que apuntalan la tesis enunciada. Baste decir que el conductismo en la actualidad presenta varias opciones teóricas que, cada una a su manera, satisfacen a nivel de aptitud académica los rudimentos de una noción dialéctica. Es cuestión de ponerse en su perspectiva, dejando de lado el dogmático arsenal de clichés que obnubila la comprensión de cierto sector de la comunidad psicológica.

lunes 29 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO SEGÚN J. B. WATSON

Entre las muchas simplificaciones de las ideas de Watson sobre la psicología y los tópicos que trata, se halla en uno de los primeros lugares el aserto de que el buen John Broadus identificaba el lenguaje con el pensamiento, distinguiendo a éste excelentísimo proceso -¡maravilla de la naturaleza y gloria del género humano!-, con el nada honroso calificativo de “habla subvocal”, lo que parecería igualarnos con los pericos.
Sin duda el propio Watson tiene responsabilidad en el origen de este malentendido, al no ser claro en sus primeros escritos sobre el tema. Pero aquí mostraré que, si bien su concepción de lo que es “pensamiento” es general, organocéntrica, meramente introductoria e incluso mal expresada (“pensemos” que en su época no había mucho de dónde extraer ideas sobre eso), en cambio no llega al primitivismo que se le ha achacado.
La primera vez que Watson se refirió al pensamiento lo hizo en una brevísima nota de pie (la séptima), al final de su célebre manifiesto de 1913 (aquí). Allí señalaba que los procesos de pensamiento podían concebirse en el marco de manifestaciones musculares, tanto las vinculadas al ejercicio abierto de la costumbre de actuar, como, muy especialmente, a los sistemas involucrados en la musculatura de la expresión discursiva (hábitos de pensamiento motor relacionados con la laringe). Parece ser que fue un texto añadido a último momento debido a que en la misma revista iba a salir publicado otro artículo ligado exclusivamente al discurso subvocal, por lo que el contenido del breve comentario debe juzgarse en ese contexto.
Luego, en 1920, volvió más extensamente sobre el punto (aquí), pero, en realidad, añadiendo poco a su concepción fundamental. Concluía que el pensamiento “es un gran proceso verbal” relacionado con la actividad implícita. Pero, ojo: como queda claro al leer el artículo completo, él entendía por “verbal” todo lo concerniente a la capacidad de actuar del organismo como un todo, tanto física como emocionalmente, con miras a la expresión y a la solución de problemas. En otras palabras, a la adaptación al mundo.
Esto lo señaló Watson más clara y sintéticamente en su conocido gran libro de 1924, El Conductismo (quizá el más citado pero el menos leído por los no-conductistas), con las siguientes palabras:
“Deseamos recalcar ahora que siempre que el individuo piensa, toda su organización corporal trabaja (implícitamente)... Parece razonable suponer que en momentos sucesivos el pensamiento puede ser kinestésico, verbal o emocional. Cuando la organización kinestésica está bloqueada o falta, entonces funciona la verbal, si ambas quedan bloqueadas, la organización emocional se torna predominante” (Watson, 1924/1961; pp. 249-250).
Por último, subrayó más su versión al respecto en el apéndice del libro, donde consigna en su exposición polémica contra el inefable McDougall:
“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (ib., pp. 297-298).
Creo que este planteamiento de base no está, en buena cuenta, muy lejos del que Skinner presenta en su capítulo sobre el pensamiento de Conducta Verbal (dicho sea de paso, tampoco satisfactorio).
A pesar de estas aclaraciones, Watson quedó marcado para siempre con el estigma del primitivismo teórico sobre el pensamiento. De hecho, en el mismo prólogo a la edición en español hecha por la editorial Paidós de El Conductismo, el Dr. Emilio Mira y López afirmaba directa y peladamente que Watson decía que el pensamiento no era otra cosa que un monólogo implícito o hablarse a sí mismo (ib., p. 14). No hay peor ciego que el que no quiere ver ¿no?
¡Y muchos conductistas también lo creen así! Valga esta reactualización de su verdadera postura para incentivar una lectura más precisa y respetuosa de su obra.

Watson, J. B. (1924/1961). El Conductismo. Buenos Aires: Paidós.

jueves 18 de junio de 2009

MICHAEL J. MAHONEY, A DOS AÑOS DE SU PARTIDA

Michael J. Mahoney, brillante y erudito exponente de la psicoterapia contemporánea, falleció hace dos años y 20 días al momento de escribir esta página. Alguien preguntaría: ¿Por qué dedicarle un escrito conmemorativo desde un punto de vista conductista a uno de sus “tránsfugas” más conspicuos? Muy sencillo, Mahoney no fue sólo un importante “transfuga conductista”, como por ejemplo G.A. Miller. Fue EL TRANSFUGA por excelencia. Sea dicho sin ironías, su peregrinar constante de enfoque tras enfoque hace pensar, incluso, que hubiera podido decidir “mudarse a otro predio teórico” de haber tenido el tiempo suficiente antes de abandonar este valle.
Mahoney comenzó su carrera en los años 60s cercano a la orientación de aprendizaje social (Universidad de Stanford ¿cómo sorprenderse?), posteriormente en los 70s emigró hacia los aires más flexibles de la tendencia mediacional conductual-cognitiva (es célebre su obra Cognición y Modificación de Conducta), superando al propio Bandura en su radicalismo, y en los 80s poco a poco fue convirtiéndose en cognitivo-conductual. Para entonces, ya todo un líder de opinión en la comunidad científica terapéutica, era muy crítico respecto a la “rígida” y “asociacionista” vertiente (según él: E-R) conductista tradicional. A mediados de los 80s nuevamente se pasó a otra franja todavía más radical: el constructivismo clínico, dentro del cual también denunció lo “racionalista”, “objetivista” y “asociacionista” del enfoque cognitivo. Como constructivista terapéutico (que no es lo mismo que psicopedagógico) llevó a cabo toda una cruzada (igual que Vittorio Guidano) para convencer al resto de psicólogos de que se había encontrado (por el momento) una forma de llegar al “self profundo” de la persona doliente. Algo que, por lo demás, ya lo habían asegurado los psicoanalistas desde principios de siglo.
Comunicador, conferencista y escritor impenitente, al punto de hacernos pensar que en su consulta probablemente gozaba de mucho tiempo para ponerse a reflexionar sobre cosas no estrictamente vinculadas a sus casos de tratamiento, se dice que dejó al morir una buena cantidad de materiales listos o incompletos para publicación.
En su libro escrito en colaboración con R.A. Neymeyer Constructivism in Psichotherapy, Mahoney cuenta que cuando preparaba Cognición y Modificación de Conducta cenó con B.F. Skinner durante el desarrollo de la Convención de la APA en Montreal. Tras largos minutos de sermoneo en el cual Skinner argumentó que la psicología cognitiva era una regresión al misticismo, al final le tendió la mano y le dijo: “Creo que vas a perder el tiempo, pero te deseo todo lo mejor...”. Posteriormente, a fines de los 80s Mahoney le entablaría una polémica en la revista American Psychologist sobre el mismo punto, aduciendo arrogancia en la “tradicional élite objetivista”, siendo respondido por Catania de manera muy enérgica en el artículo «Las dotes de la cultura y la elocuencia: Una carta abierta a Michael J. Mahoney en réplica a su artículo: “Psicología científica y conductismo radical”».
Como se ve por el título de la réplica, Catania le echaba en cara a M.J.M. su tendencia al verbo enjundioso, superficial y elegante para sostener ideas no muy originales ni justas. Rasgo típico, por otra parte, de los constructivistas clínicos. Quizá por eso mismo su popularidad y gran aceptación, porque en la psicología, como en la política y en otros campos del quehacer humano, es a veces más importante el cómo se dice que lo que se dice, incluso si se registra por escrito. Salvo mejor parecer...

miércoles 17 de junio de 2009

MODIFICACIÓN DE CONDUCTA INFANTIL

Hay que reconocerlo, este es un buen medio de presentar de manera sencilla y emocionalmente comprometida algunos principios sencillos de modificación de conducta infantil (modelamiento y reforzamiento). El vídeo lo he copiado de Youtube como una muestra simple de lo que se puede y se debe hacer con mayor asiduidad y complejidad. Ojala así siempre se hubieran podido difundir estos principios para que los estudiantes de psicología y educación entiendan mejor y aprecien la tecnología conductual en la medida que merece.

lunes 1 de junio de 2009

EL ANÁLISIS TRANSACCIONAL Y SUS PROPAGANDISTAS POCO ESCRUPULOSOS

Adelanto que no tengo nada contra esta corriente terapéutica. Sus cultores tienen tanto derecho como cualquier otro a competir en el “mercado” de tratamientos psicológicos. Es más, acá no menciono siquiera la posibilidad de que sea una pseudociencia. Y, al margen de sus presupuestos ideológicos, sus procedimientos me parecen bastante aceptables. Pero una cosa es el respeto por su trabajo y otra lo que están haciendo últimamente algunos analistas transaccionales (*), que andan difundiendo con fines comerciales la poco escrupulosa “noticia” de que su tipo de psicoterapia “es la más efectiva” según el supuesto informe de Theodore B. Novey (2002) titulado Measuring the Effectiveness of Transactional Analysis: An International Study.
En dicho artículo, publicado en el Transactional Analysis Journal, 32(1), Novey detalla que una investigación de Consumer Reports en USA sobre la eficacia de la psicoterapia practicada por psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, consejeros matrimoniales o familiares, y los médicos, da por resultado una eficacia significativamente mayor del Análisis Transaccional. Pero cuando uno revisa el texto del resumen respectivo a cargo de Seligman (1995), se encuentra con esto:
Consumer Reports publicó un artículo que llegó a la conclusión de que los pacientes se beneficiaron en gran medida de la psicoterapia, que el tratamiento a largo plazo fue considerablemente mejor que el tratamiento a corto plazo, y que la eficacia de la psicoterapia sola no difiere de la eficacia de la medicación y la psicoterapia juntas. Además, ninguna modalidad de psicoterapia fue mejor que cualquier otro para cualquier trastorno. La labor de psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y consejeros matrimoniales o familiares no difiere en su eficacia”.
Y dentro del cuerpo del reporte, el propio Seligman dice: “Ninguna modalidad de la psicoterapia fue mejor que cualquiera otra para cualquier problema. Estos resultados confirman la hipótesis del "pájaro dodo", sobre que todas las formas de hacer con respecto a las psicoterapias son igualmente buenas..., asestando un rudo golpe a la eficacia de los investigadores, ya que el tema principal de los estudios de eficacia ha sido la demostración de la utilidad de ciertas técnicas específicas para determinados trastornos”.
En ningún lado, pues, se afirma una superioridad del Análisis Transaccional ¿De dónde sacan entonces toda esa fábula? Por lo demás, está en pie la investigación de la APA sobre la eficacia de las intervenciones psicológicas con apoyo empirico (*), donde el Análisis Transaccional... ni aparece.
A menos que se demuestre que los datos mencionados tienen algún sustento, creo que si esta propaganda aparentemente engañosa sigue, la comisión de ética del Colegio de Psicólogos tendría la palabra.

lunes 25 de mayo de 2009

EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD

En Daylimotion he encontrado un documento audiovisual muy interesante, subido por un colega español (Raúl Spert), que trata sobre el "experimento de la prisión", realizado en los años 70 por el conocido psicólogo conductual-cognitivo Phillip Zimbardo y sus colaboradores, en la Universidad de Stanford.


Los sujetos voluntarios fueron estudiantes que desempeñaron los roles de "guardias" y "prisioneros" en un ambiente preparado para simular una prisión ficticia. El experimento sólo duró una semana antes de ser suspendido por la fuerte carga de insanía sádica que conllevó a los pocos días la relación entre los guardias (convertidos espontáneamente en victimarios), y sus prisioneros (convertidos en víctimas). Esta investigación demuestra, según Zimbardo, que cualquier ser humano puede ser "perverso" si durante el tiempo suficiente forma parte de una estructura contingencial preparada para producir (reforzar inadecuadamente, no castigar, no extinguir, no reforzar alternativas incompatibles) condiciones de maldad o amoralidad.

viernes 15 de mayo de 2009

RECIENTES INVESTIGACIONES EN EL ÁREA CLÍNICA

Un amigo me pregunta por correo privado "en qué he estado" durante los últimos meses. Eso me da la idea de difundir estos artículos de reciente publicación en las revistas de la Facultad de Psicología de la Universidad de San Marcos y del Colegio de Psicólogos del Perú, bajo mi autoría. Dos de ellos (el primero y el último) son de revisión teórica, y el del medio es una investigación empírica realizada compartidamente con el colega Carlos Velásquez y otros colaboradores.

Teoría, investigación y aplicaciones clínicas del autocontrol
Se examina el papel del autocontrol en su variedad de significados y aplicaciones, desde la experimentación hasta la clínica conductual. Se enfatiza que los repertorios conductuales que reflejan el fenómeno de autocontrol en un individuo son aprendidos, lo que fortalece la necesidad de promover su aprendizaje en la situación psicoterapéutica mediante procedimientos estructurados para ello, tales como las terapias de manejo de la ansiedad y la ira, de asertividad, de condicionamiento encubierto, de reestructuración racional, de solución de problemas, de entrenamiento autoinstruccional y de biorretroalimentación, propiciando a través del desarrollo de esos procedimientos la autovigilancia y la relajación, las destrezas de afrontamiento, y cambios específicos en el estilo de vida

Bienestar psicológico, asertividad y rendimiento académico
Se examinan las relaciones entre el bienestar psicológico, la asertividad y el rendimiento académico en los estudiantes de Facultades representativas de las diversas áreas de estudio de la Universidad de San Marcos. Para ello, se utilizan la Escala de Bienestar Psicológico de Ryff, el Inventario de Asertividad de Rathus y el rendimiento académico. El estudio arroja correlación significativa general en todas las facultades entre las variables de estudio, tanto en los varones como en las mujeres, excepto en Ingeniería Industrial.

Comunicación clínica y terapia conductual dentro del consultorio
Este artículo esboza los avatares de la consideración conductual sobre la interacción comunicativa dentro de la consulta clínica entre los participantes del episodio psicoterapéutico. Dicha consideración estuvo en un principio ligada a las dudas sobre la confiabilidad de la correspondencia hacer-decir en el reporte verbal del cliente, impidiendo el ejercicio de un auténtico análisis funcional respecto a las variables influyentes en esa clase de episodios. Eso ha variado en la perspectiva contemporánea gracias al desarrollo de terapias conductuales de tercera generación, que utilizan como métodos de interpretación y acción formas lingüísticas a manera de variables independiente, interviniente y dependiente.