sábado 26 de diciembre de 2009

LOS COHETES DE FIESTAS DE FIN DE AÑO



Estas fiestas de fin de año, como las de años pasados y aún más, se vienen reventando millones de productos pirotécnicos pequeños, medianos y grandes en todo el globo. Será muy bonito para mirar y todo, les distraerá mucho a los que les gusta eso, pero no hay que ser un experto para darse cuenta de que causa un daño incalculable al ambiente, y deteriora todavía más la maltrecha capa de ozono.

La pregunta es ¿dónde están los ecologistas y sus ONGs? Ellos, que se preocupan tanto por denunciar la depredación del ambiente por las "potencias capitalistas" y las empresas privadas, no parecen muy preocupados por los cohetes y por la polución ambiental que generan, tanto a nivel de aire como de ruido.

Si a la prácticas de celebración pirotécnica de fin de año le añadimos las numerosísimas "fiestas" religiosas llamadas patronales, que suele haber y estar en aumento no sólo en el Perú, sino también en otros países iberoamericanos, con abundante producción de cohetería con humo y ruido, encontramos que hay muchas razones para que los defensores de la ecología e igualmente los practicantes de la salud psicológica digan algo. Ya es hora ¿no...? Los oídos y los pulmones tienen un límite... y también el estrés.

miércoles 16 de diciembre de 2009

EL PREJUICIO PATRIOTERO Y LA PSICOLOGÍA


Hay pueblos que se asemejan a ciertos individuos: mientras menos avanzados están, más susceptible es su amor propio” (Flora Tristán, Prólogo a Peregrinaciones de una Paria)



Hace pocos días volví a recibir en mi correo electrónico otro de esos tontos y fanáticos mensajes “en cadena” acerca de la supuesta “invasión chilena” del Perú a través de sus cuantiosas inversiones económicas. El extenso mensaje, que recopila nombres de empresas chilenas en el Perú y hace acusaciones de entreguismo, prosigue con emocionantes llamados a la unión nacional contra los enemigos del país (también chilenos), y culmina con la advertencia siguiente: “Si decides no reenviar este mensaje no se va a morir nadie de tu familia, no tendrás 100 años de mala suerte.. Solo harás que los chilenos sigan desarrollandose a costa de la pobreza en el Perú y favorecerás la compra de más armamento de Chile en contra de tu propio país....”
Todo esto me hace acordar al diario La Razón, un pasquín dirigido por algún psicópata que acá en Lima pregona un morboso revanchismo cuasi-bélico, con titulares estrafalarios francamente bochornosos, a pesar de lo cual nunca falta su mención en las revisiones periodísticas que hacen los demás medios de comunicación (lo que prueba que lo toman en serio y lo consideran representativo de una parte de la opinión pública).
Hace algún tiempo, la empresa de encuestas conectaperú dio a conocer un survey que revelaba que el 18% de la población en nuestro país era un grupo “duro” con ideas nacionalistas extremas cercanas a la xenofobia, con bajo nivel educativo y fuerte dosis de dogmatismo aislacionista. Por eso lo que me alarma del mensaje que mencioné es que está confeccionado, al parecer, por un psicólogo, y parte de los que lo reenvían en cadena también lo son. Evidentemente, ellos no deberían estar entre ese 18% de individuos. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué falla en la educación peruana que lleva a (o refuerza) la aparición de gente intolerante y llena de prejuicios irracionales, que incluso se siente orgullosa de serlo?


EL EXPERIMENTO SOCIAL DE SHERIF
Un psicólogo debería estar “vacunado” contra toda forma de extremismo y superstición, más aun si involucra fenómenos comportamentales que él mismo o sus colegas estudian. Esto del chauvinismo patriotero y del odio entre grupos nacionales se parece y puede ser explicado, por lo menos en parte, gracias al efecto investigado en psicología social por los esposos Caroline y Musafer Sherif, en el experimento llamado La Cueva de los Ladrones, con una muestra de 22 niños de 11 años de edad psicológicamente equilibrados.
Ellos fueron trasladados a un lugar vacacional, distribuidos en dos grupos separados y se los hizo participar en actividades atractivas. Tras algunos días, los dos grupos desarrollaron espontáneamente sus propias jerarquías sociales. Luego se les puso en contacto mediante la celebración de un torneo. Allí comenzaron los problemas. La hostilidad entre los grupos se desarrolló, y en los siguientes días hubo incursiones de cada cual para desordenar sus dormitorios, lanzarse proyectiles e intercambiar insultos. En cada uno de los niños se vio que la imagen del propio grupo era sobredimensionada (“Nosotros somos fuertes, leales, solidarios, competentes, buenos”), mientras que la del grupo contrario era denigrada (“Ellos son cobardes, traicioneros, egoístas, débiles, malos”). A poco sus primeros líderes fueron reemplazados por otros más beligerantes, para ponerse a tono con la situación de enfrentamiento. Luego, en una segunda etapa del experimento, los Sherif procuraron hacer cesar la hostilidad mutua buscando unir a los grupos en actividades compartidas, pero nada varió. Sólo cuando los dos grupos se vieron obligados a resolver mediante su esfuerzo común, y repetidas veces, diversos problemas que no podían resolver aislándose, volvieron a integrarse entre sí de manera progresiva.


¿QUÉ PRUEBA ESTO?
Supongamos que los dos grupos son en realidad dos países limítrofes que compiten por el mismo espacio vital. Debido a los roces y conflictos inevitables que han tenido en su historia por la delimitación de territorios, y por el aislamiento que separa a los dos pueblos debido a las fronteras e ignorancia mutua, desarrollan una imagen propia sobrevalorada y una imagen “del contrario” infravalorada. Es natural que si eso es alentado además por diversos medios (como la demagogia de los políticos y comunicadores), y se mezcla con factores sociales, educativos, geográficos, raciales, políticos de coyuntura, y, por supuesto, económicos, los sectores más recalcitrantes -que hacen las veces de los líderes belicosos del experimento de los Sherif- se abran paso y dominen hasta imponer su cosmovisión paranoide respecto a un “peligroso rival” que está al acecho para apoderarse de nuestras “abundantes” tierras y riquezas, que trata de anularnos y convertirnos en su satélite mediante una estrategia de avance soterrado, mientras que nuestra “ingenuidad” (recordemos que “nosotros” somos los leales, honrados y generosos) los deja hacer.
Si tomamos la segunda parte del experimento citado, veremos que la única forma de excluir el resentimiento y la hostilidad entre esos dos pueblos hoy “competidores”, es trabajando sobre la base de metas comunes que no puedan ser alcanzadas predicando aislacionismos totales o parciales, impensables hoy en esta época de globalización mundial. La integración sería posible sólo operando a favor de eso.


CONCLUSIÓN
El patrioterismo ha sido descrito muy bien por el Sr. Carlos Schulmaister en la web: http://www.rionegro.com.ar/arch200601/05/o05n02.php con las siguientes palabras: “El patrioterismo es falsamente espontáneo. Permanece ligado a formas exteriorizadas y programadas a condición de ser vistas y difundidas extensamente pues, de lo contrario, no brindan rédito a sus autores. Surge de los arrebatos temperamentales o de las emociones elementales antes que del ejercicio del raciocinio. En estos raros casos, suele ser el fruto de inducciones expresas o implícitas de los dueños del poder a través de mecanismos y recursos culturales, educativos o comunicacionales... Es epidérmico, frívolamente exhibicionista, desbordante, melodramático, jactancioso, exaltado e histérico. Sobre todo, narcisista... Es [además] demagógico, intolerante, autoritario y excluyente”.
Hay que tener bien en claro que el prejuicio patriotero no lleva a nada más que a la manifestación de las peores miserias humanas: el odio, el resentimiento, la discriminación y a la destrucción moral y física mutua entre los “oponentes”. Y también a la anomia. El patrioterismo inculcado por ciertos medios educativos y periodísticos hace que una parte de la juventud peruana sienta, por ejemplo, que la “rapiña” de ciertos pueblos extranjeros (España, Chile, EU) tiene la culpa de su atraso, pobreza y desventura, sin parar mientes en las propias responsabilidades.
El patrioterismo está lleno de falsos valores. No debe ser promovido por los profesionales de la salud psicológica. Ese 18% de intolerantes no debe crecer.
Las generaciones futuras lo agradecerán, y verán los mezquinos conflictos de hoy como nosotros podríamos ver las sangrientas luchas tribales de la Edad de Piedra.

lunes 30 de noviembre de 2009

¿“VARIABLE COGNITIVA” ES LA PALABRITA MÁGICA?

En el viejo best seller de Robert Merle: “La Isla”, que trata sobre un grupo de amotinados refugiados en una isla desierta para escapar del castigo, y al repartirse las mujeres y los terrenos se dividen en dos facciones antagonistas, hay un personaje que resulta ser el más viejo y débil. Siendo el mecanismo de enfrentamiento las continuas votaciones por mayoría, los más dominantes manipulaban a este personaje hasta que él se enteró de que se podía abstener. Sólo debía decir las palabritas mágicas “me abstengo” para no tomar partido, librándose de la decisión y del consiguiente acoso.
Hoy, en cierto modo, los psicólogos cognitivos y algunos de sus seguidores “no declarados” del cognitivismo conductual apelan al mismo mecanismo para alejarse de los verdaderos problemas de la disciplina. Su modo de expresar su “abstención” es, simplemente, ponerle una fácil etiqueta “cognitiva” al fenómeno y así “explicarlo” sin entrar en mayores detalles. ¿Quién no ha leído u oído la respuesta de escritores o conferenciantes que, encontrándose perplejos ante una paradoja o algo difícil de explicar sobre su tema de disquisición, apelan a la salida argumental de: “aquí evidentemente hay variables cognitivas que están en juego y producen este efecto”?
La verdad es que, como dice Overskeid (2008), los psicólogos cognitivos parecen inclinarse a entender lo que llaman “cognición” como algo no sólo no-físico, sino también “no-específico”. La vaguedad, variedad y prosopopeya de los constructos inespecíficos que se suelen utilizar es impresionante: “procesos centrales”, “organización interna”, “estructura”. “planes”, y la mayoría de las veces simplemente “variables cognitivas”, pero su utilización casi siempre parte de un presupuesto negativo: hay algo “mental” no reducible a ningún tipo de dimensionamiento concreto de sus mecanismos de funcionalidad, que “está allí” mediando la respuesta al estímulo.
Por ejemplo, en el libro de Vila y Fernández (2009) se dice, entre otras cosas, refiriéndose al enfoque interconductual de las variables que configuran un segmento de conducta, que si bien el concepto de campo psicológico “hace referencia a la representación mental de la interacción organismo-ambiente” (SIC), lo interno “queda reducido a reglas verbales y a repertorios de conducta aprendidos a lo largo de la historia del individuo” (p. 39). Incluso les parece insatisfactoria la ampliación del modelo mediacional E-O-R en tanto considera el factor “O” como sinónimo de factores cognitivos, rasgos de personalidad o historia de aprendizaje, pero “no profundiza realmente” en él. Según los autores citados, lo aconsejable sería abordar “O” en el sentido del procesamiento de información, estudiando la atención, la memoria, la imaginación, la resolución de problemas lógicos, la toma de decisiones, la comprensión de textos, el lenguaje, etc.; pero esa postura la toman porque ellos creen que esos son procesos “internos” del individuo, relativamente independientes de su relación con el contexto social y físico, e incluso biológico circunstancial, que lo rodea. Como según ellos tales procesos no son susceptibles a las leyes del aprendizaje, cualquier abordaje desde ese punto de vista les parece “reduccionista”. ¿Qué hacer entonces para estudiarlos?, sólo les queda lanzar hipótesis a lo Breger y McGaugh, Fodor o Chomsky (*) acerca de su funcionamiento “central” a través de los datos de registro externo. O sea, en buena cuenta, seguir utilizando “métodos conductistas” pero para inferir mediante esos datos lo que podría “explicar” internamente los fenómenos. La gastada posición dualista, ni más ni menos.
Así, decir que una persona hace algo porque recordó, imaginó, se encaprichó, atribuyó, o porque su estructura neuropsicológica lo inclinó a hacerlo, no requiere más que un paso, lo cual hace trivial y caricaturesca la función del psicólogo al convertirlo en un abstencionista sistemático de buscar las verdaderas causas de por qué recordamos, imaginamos, nos encaprichamos, atribuimos, o por qué nuestra estructura neuropsicológica es como es, y las condiciones en que ocurre todo eso en grados, situaciones y resultados diferentes.
El comportamiento cognoscitivo es un legítimo objeto de estudio, pero por lo mismo la apelación a él no debe ser un pretexto para descartar labores de indagación más empírica, sustituyendo con una óptica folclórica la terminología precisa del análisis funcional por palabras del lenguaje corriente para referenciar un supuesto espacio existencial inabarcado por la observación. En un mundo organizado de acuerdo al esquema social dualista, donde algunas cosas se ven y otras no, y generalmente las que no se ven son más esenciales, eso puede ser gratificante. Así, con eso nos quedamos tranquilos, derramando constructos "inobservables" por doquier a manera de “palabritas mágicas”, sin justificación científica.


NOTAS

(*) Representantes clásicos del pensamiento mentalista-confusionista más aceptado a nivel general entre los psicólogos cognitivos “de a pie”.

REFERENCIAS

Ovesrkeid, G. (2008). They should have thought about the consecuences: The crisis of cognitivism and a second chance for behaviour analysis. The Psychological Record, 58, 131-151.
Vila, J. y Fernández, M. (2009). Tratamientos psicológicos: La perspectiva experimental. Madrid: siglo XXI.

jueves 12 de noviembre de 2009

Dos investigaciones que se culminan

Se acaban de publicar online dos investigaciones más a cargo de nuestros equipos en la UNMSM. Aquí pongo los links, el resumen y los datos de la publicación impresa:

Modos de afrontamiento y conducta resiliente en espectadores de violencia entre pares
Revista de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. 12 - N.º 1 - 2009, pp. 153 - 171. ISSN: 1560 - 909X

Se examina la relación entre los modos de afrontamiento y la conducta resiliente en adolescentes espectadores de violencia entre pares en ambientes educativos. Se indaga si los tipos de espectadores reconocidos por la literatura especializada (indiferente, culpabilizado, amoral y prosocial) se diferencian en cuanto a los modos de afrontamiento al estrés en este tipo de situaciones, y si, en promedio, se diferencian en cuanto al grado de resiliencia que manifiestan. Para ello se evaluó una muestra representativa con la Escala de Resiliencia, el Cuestionario de Modos de Afrontamiento y una Escala de Tipo de Espectador de Violencia Entre Pares (TEVP), elaborada por los responsables del estudio. Los datos indican que existen diferencias significativas en ciertos modos de afrontamiento, en la conducta resiliente, y entre ésta y la mayoría de los modos de afrontamiento manifestados por los distintos tipos de espectadores de violencia entre pares. Asimismo, se corrobora que la escala TEVP, elaborada para el presente estudio, es válida y confiable.

Revista de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Vol. 12, N.º 1 - 2009, pp. 69 - 82. ISSN: 1560 - 909X

El estudio se realizó en colegios de los conos de Lima Metropolitana, con una muestra de adolescentes y preadolescentes escolares de sexos masculino y femenino, participantes y no participantes en actos violentos. Los instrumentos utilizados se reestructuraron factorialmente, quedando la Escala de Habilidades Sociales (EHS) de Gismero en dos factores: Habilidades para enfrentar situaciones desfavorables y Habilidades para hacer peticiones oportunas, y el Cuestionario de Filosofía de Vida (FV) de Díaz-Guerrero en los factores: Amor adversus Poder (FV1) y el Factor Control Interno adversus Externo (FV2). El resultado muestra una relación baja y positiva entre las variables. En cuanto a la condición de los alumnos sólo se encontró diferencias significativas en FV1, donde los alumnos no violentos orientan su comportamiento por el amor, mientras los violentos por el poder. Los preadolescentes presentan un mejor manejo de las habilidades para hacer peticiones oportunas que los adolescentes. Igualmente su comportamiento se orienta por el amor mientras que los adolescentes por el poder. En cuanto al lugar donde viven los alumnos solo el Factor FV1 muestra diferencias, donde lo predominante en el Cono Centro de la capital es el poder en comparación con los otros sectores.

martes 3 de noviembre de 2009

II Seminario de Psicología Conductual e Interconductual


EL INGRESO ES LIBRE
Para los que deseen certificado el costo es de S/. 10.00 nuevos soles para estudiantes de pre grado y para estudiantes de post grado o profesionales es de S/15.00 nuevos soles, lo cual equivale a 16 horas académicas (1 Crédito Extracurricular). La mesa de pre-inscripciones se encuentra en el patio del Anexo 8 de la UNFV, Facultad de Psicología (Av. Colonial).

domingo 4 de octubre de 2009

ALGO PARA RECORDAR SOBRE "LA TERCERA GENERACIÓN" DE CONDUCTISTAS

El artículo reportado a continuación es el epítome del enfoque de Arthur W. Staats. Es en esta perspectiva (y no en la de los contextualistas, como algunos creen) que se comienza a hablar de "conductismo de tercera generación". La postura de Staats fue progresivamente denominada por él como "conductismo social", "conductismo paradigmático" y finalmente, debido a una sugerencia externa, de "conductismo psicológico".
Para mi gusto, la segunda de las denominaciones (paradigmático) era la más llamativa y adecuada para posicionarse en el "mercado psicológico", pero en fin... al parecer los conductistas nunca hemos demostrado mucho talento para utilizar las herramientas del marketing en beneficio propio, al menos de la manera tan eficiente como si lo saben hacer otros enfoques científicamente menos poderosos, pero sí más atentos a su divulgación masiva.
En esa línea de comportamiento iluso, incluso muchas veces revistas que publican artículos conductistas de gran importancia teórica, los protegen de su copia y difusión a pesar de los años (¿?), como es el caso de este escrito que recomiendo revisar con atención, y que debido a la restricción que tiene no lo he podido subir a scribb para que se difunda como se debe:

Staats, A. W. (1979). El Conductismo Social: Un Fundamento de la Modificación del Comportamiento. Revista Latinoamericana de Psicología. 11(1), 9-46.

La imagen que acompaña este post muestra el aparato de modificación de conducta operante para el aprendizaje infantil de conducta compleja, de Staats, cuyo funcionamiento puede verse descrito en las tres obras más relevantes de dicho autor, y cuentan con traducción al castellano: Aprendizaje, Lenguaje y Cognición (1968/1983), Conductismo Social (1975/1979) y Conducta y Personalidad: Conductismo Psicológico (1996/1997), así como en uno de los clásicos volúmenes de Modificación de Conducta en la Infancia, de B. A. Ashem y E. G. Poser.

sábado 26 de septiembre de 2009

¿PSICOLOGÍA O PSICOLOGÍAS? CONTRA EL MITO DE LA DISCIPLINA UNIFICADA

Llamo la atención sobre el planteamiento de principio que el Dr. Emilio Ribes (2004) presenta en un artículo titulado “¿Es posible unificar los criterios sobre los que se concibe la psicología?”, publicado por la revista Suma Psicológica, 11(1), 9-28. En el dice: «No es correcto... hablar de “la” psicología, aludiendo a una disciplina ideal con propósitos, medios y fines compartidos por todos aquellos que la practican. Nos enfrentamos, más bien, a un conjunto diverso, más o menos inconmensurable, de “psicologías” que, lamentablemente, sólo comparten el nombre. En sentido estricto, deberíamos hablar de “las psicologías”, asumiendo sus diferencias irreconciliables, o cuando menos evidentes, en cuanto a objeto, método y aplicaciones del conocimiento. La así llamada psicología constituye, en realidad, un pluralismo disciplinar no reconocido, cuya forma de existencia es el mito de una disciplina unificada... » (p. 11).
Aun cuando sí defiendo la posibilidad de una unificación futura sobre la base de ciertas condiciones paradigmáticas (cosa que he discutido en un escrito anterior, véase el capítulo 1 del libro Psicología: Tópicos de Actualidad (pp. 9-24), debo aceptar la justeza de las expresiones de Ribes.
Hay quienes soslayan este tema porque se afanan en escribir la historia sólo desde la perspectiva que ellos mismos se han construido. Vale decir los ya conocidos y repetidos argumentos de la “evolución histórica” de la psicología en términos del conductismo al cognitivismo, de la cuantitatividad a la cualitatividad y del mecanicismo al enfoque de sistemas. Anclados en dicha óptica, muchos profesionales se juntan en asociaciones internacionales para promocionarla, aprovechando la ingenuidad seguidista de una parte del estudiantado, y también de los poco leídos. Estos “militantes” hacen a un lado la diversidad de opiniones teóricas fundamentadas bajo otro tipo de supuestos, acallando condescendientemente todo lo que no comparten bajo un grupo de clichés bien conocidos: “Estás desactualizado”, “mira la literatura que hay actualmente” (claro, su literatura, la única que ellos leen, la demás no la conocen o la evitan).

MECANISMOS DE COPAMIENTO

La estrategia de copamiento asume diversas formas, desde la publicación de obras supuestamente “introductorias” que dan “una visión imparcial” de la disciplina (hace unos años asistimos a una ofensiva profusa de constructivistas que lanzaron libros de epistemología y de historia de la psicología en español, logrando posicionar un “panorama general” favorable a su postura), hasta puestos claves en cursos universitarios, o premiaciones a personajes "modelo" internacionales de la tendencia afín que se presentan nimbados con el halo de la sobresaliente labor. Pero la mejor de todas esas estrategias es, paradójicamente, el solapamiento de todas esas actividades bajo la apariencia democrática (“si hay más seguidores de una orientación, pues no tenemos la culpa”), y del mito de la psicología como una disciplina única (“todos somos psicólogos y la psicología es una sola”).

LA ESPECIALIZACIÓN

En todo ello, el asunto de la especialización juega un papel distractor: en reuniones académicas (conferencias magistrales, seminarios, clases), donde muchas veces se tocan los temas de una manera tal que toquen la fibra “practicista” del auditorio, sin ir directamente al grano. Así, se meten de contrabando ideologías y teorías mentalistas mezcladas entre la exposición de métodos y aplicaciones objetivas para tratar o investigar tal o cual cosa, como si fuese lo más natural, acostumbrando a los escuchas a un fárrago descuidadamente ecléctico. De esa manera contribuyen a sembrar la ilusión de una disciplina unificada en la cual sólo unos cuantos “desactualizados” no quieren alinearse por ignorancia ¡Y vaya que esas astucias hasta ahora vienen teniendo éxito!

¿QUÉ HAY QUE HACER?

La realidad es que actualmente hay una convivencia multiparadigmática. Lo que para algunos es “información actualizada” para otros es antigua, y lo que para algunos es verdad evidente para otros es un disparate. Todo depende del punto de vista de que se parta y de la historia particular de cada enfoque. La mejor actitud para enfrentar esa situación por el momento es la de la tolerancia mutua, y el respeto por los desarrollos ajenos. Hay que desterrar la vieja costumbre de etiquetar al “competidor” con rótulos de fácil administración tergiversando o interpretando desde otros supuestos lo que sostiene, y de autopresentarse como “lo último” o “lo mejor” en métodos o aplicaciones (salvo en los casos en que sí haya una investigación comparativa certificada por entidades autorizadas). Tampoco es saludable ni ético apropiarse de productos técnicos generados con otra lógica teórica para cambiarles de nombre y presentarlos como productos propios del enfoque promocionado por los “piratas” (las técnicas de condicionamiento encubierto y la psiconeuroinmunología, por ejemplo, suelen ser motivo de este tipo de falsificaciones, como otrora lo fueron la primera psicolingüística, la tecnología educativa y las aplicaciones conductuales comunitarias).
No hay una sino varias psicologías, cada una es como un árbol que a su vez se ramifica y va interrelacionándose con sus propias ramas, así como con ramas del árbol ajeno, pero sin llegar a compartir sus raíces. Eso es lo que hay que reconocer. No deben reforzarse las tendencias a describir enfoques ajenos desde la propia perspectiva, sino dejar que los propios cultores de un enfoque sean los que hablen sobre él. No caben los libros “de introducción” ni los cursos generales “de marco propedéutico” que no sean colegiados, es decir con grupos de profesores de cada una de las orientaciones psicológicas que pretenden ser expuestas.
Adicionalmente, no se puede abandonar el supremo objetivo de unificar finalmente la disciplina, pero sobre la base de una discusión que relieve las semejanzas, no las diferencias. Salus populi suprema lex.

martes 11 de agosto de 2009

NUEVOS ENLACES CONDUCTUALES

Hace poco he subido a internet nuevos materiales de consulta para uso del curso universitario que dicto este semestre. Se trata de los siguientes textos:

Cuestiones Eticas (Cap. 29 del libro Modificación de Conducta de Martin y Pear)
Psicometría Socioconductual (Cap. 12 del libro Conductismo Social de A. W. Staats)
Tanto el primero como el segundo son contribuciones de extraordinaria relevancia en los rubros que tocan. Progresivamente iré subiendo otros capítulos del citado libro de Staats.
Asimismo, también he colgado:
Construyendo Programas de Conducta (Cap. 8 del libro El Quehacer Conductista, Hoy)
Por último, subí el syllabus de mi curso y la primera clase en power point.
Todo esto en el entendido de que el signo de la época es la publicación virtual, y se requiere una vasta campaña de difusión del enfoque conductual en sus diversas variantes por parte de los propios conductistas, para evitar la desinformación tan ampliamente sembrada por gente extraña al paradigma.
Por ello, también es de relievar la excelente iniciativa de poner en la red los libros "Aprender a Leer" y "Psicologìa Educativa" del colega Julio Varela a través de la página de Autismo ABA.

miércoles 22 de julio de 2009

MI CEREBRO ESTÁ HARTO DE QUE LE HABLEN DEL CEREBRO

Recorriendo páginas que contienen vídeos de documentales científicos, me percato del impresionante fetichismo que hoy en día campea a sus anchas en el ámbito académico, como otrora El Cid lo hacía sobre las llanuras de Castilla.
En efecto, en dichos documentales, muy frecuentemente de factura médica, se ven títulos como estos:
“Aprendizaje y cerebro”, “alcohol y cerebro”, “cerebro y adolescencia”, “el cerebro de Einstein”, “cerebro humano”, “el cerebro nos engaña”, “cerebro y supervivencia”, “cerebro y lenguaje”, “cerebro y diferencias de género”, “baile y cerebro”, “el cerebro adictivo”, “cerebro y procesos cognitivos”, “cerebro e inteligencia”, “cerebro y emociones”, “cerebro y estrés”, “cerebro y sociedad”, “cerebro consciente e inconsciente”, “cerebro y atención”, “cerebro y contacto físico”, “la vida secreta del cerebro”, “cerebro y arte”, “cerebro y musica”, “la moral está en el cerebro”, “tiempo y cerebro”, “el cerebro de Mozart”, etc., etc., etc., como decía el Rey de Siam interpretado por Yul Brynner.
En todos ellos el rollo discursivo parece ser sustancialmente el mismo: darle a ese órgano privilegiado una categoría de oligarca máximo del comportamiento y demiurgo de la realidad humana, porque resulta que ya no somos nosotros los que tomamos decisiones, hablamos, hacemos, pensamos o sentimos o inventamos, sino “nuestro” cerebro. Si sentimos estrés, “nuestro” cerebro es el que prepara las condiciones para que lo afrontemos, si nos enamoramos, “nuestro” cerebro es el que activa los mecanismos de amor y placer, si nos gusta el baile o somos inteligentes, “nuestro” cerebro es el que nos dota de esas posibilidades, si actuamos de acuerdo o no con la moral, es “nuestro” cerebro el que lo propicia.
Vaya pues, la lista de maravillosas capacidades y taras psicológicas que puede mostrar “el cerebro” es inmensa. Pobre el resto de nuestro cuerpo, pobres nosotros, que sólo somos títeres de esa entidad oligárquica que es “nuestro” cerebro. En suma, ya no somos un individuo con cerebro, sino un cerebro con cuerpo. Al menos, eso es lo que se deduce de tanta publicidad cerebral en los documentales difundidos por el grupo Discovery y otras productoras.
Como no podía ser de otra manera, esta ideología absurda y reduccionista, tan bien apoyada financieramente por los consorcios médicos, se mueve también al interior de la psicología, apoyada por ciertos sectores de orientación cognitiva que predican una filosofía de la mente de tipo “identidad mente-cerebro” (más radical que la tendencia llamada “emergentista”). Lo peor es que muchos simpatizantes de dicha corriente “neurocientífica” han hecho toda una profesión de la denuncia frente al “mecanicismo” del análisis comportamental, como si sostener la hipótesis de una máquina cerebral que actúa por nosotros no fuera a su vez el peor de los mecanicismos.
Es bueno recordar a los “cerebrólogos” que lo “psicológico” no viene implantado como un chip dentro de ninguna estructura cerebral. La mente no es una función corporal, ni hay estructuras o funciones neurales para cada proceso de pensamiento, por la sencilla razón de que la contextualización social que le da origen y desarrollo a un episodio de comportamiento, es irreducible a mera actividad del cerebro, pues consiste de la interacción de múltiples factores intra y extraorgánicos.
No se equivocaba Politzer cuando, en su crítica del materialismo médico, fisiológico o biológico, decía que éste no es sino una respuesta al espiritualismo que se ha vaciado en su mismo molde, nombrando “materia” (o “cerebro”) a lo que ayer se llamaba “espíritu”.
En suma, como seguidor ingenuo de la ideología reduccionista que campea en los documentales pro-cerebrológicos difundidos por canales supuestamente científicos, digo que no yo, sino mi cerebro, está realmente harto de que le hablen del cerebro.

jueves 2 de julio de 2009

¿EL CONDUCTISMO ES DIALÉCTICO?

Uno de los lugares comunes en la crítica externa al conductismo es la raigambre supuestamente “mecanicista” que atribuye a cualquier teoría conductual. No es necesario dar ejemplos, pues la literatura respectiva está llena de esas alusiones, y ni qué decir de las continuas repeticiones orales simplificadas que hacen de ellas muchos profesores y catedráticos de tendencias filosóficas e ideológicas, vinculadas al llamado “progresismo”. Por oposición a esto, lo que se relieva hasta el cansancio es la índole “dialéctica” de ciertas aproximaciones no conductistas.
Como Bunge suele puntualizarlo, más allá de las “definiciones” bastante generales de Hegel, de los clásicos marxistas y del catecismo pro-soviético, no hay registro preciso de aquello que los cultores dialécticos entienden estrictamente por dialéctica, siendo más una connotación metafórica que cubre una gran cantidad de condiciones cualitativas.
Ser dialéctico, en esta postura tercermundista, equivale a exhibir una serie de virtudes relativas tanto al acervo moral y conceptual como al enfoque teórico de base. En breve, a nivel de valores y competencias individuales implicaría por un lado el “compromiso con la emancipación de las clases populares” (en el sentido filo o neomarxista), y, por otro, en lo que podría calificarse de aptitud académica, ser capaz de utilizar un método reflexivo cuasi-intuitivo que permite captar con gran detalle el material analizado y sus diversas formas de desarrollo, descubriendo su entramado estocástico (acciones recíprocas y polaridades entre los elementos) dentro de la estructura total.
Dada la amplia extensión semántica de esta concepción, el rango de los enfoques teóricos considerados “dialécticos” parece indeterminado. Así, se han reclamado tales tanto los adeptos a los enfoques socioculturalistas, genético-constructivistas o post racionalistas y sistémicos, como en menor medida los dinámicos y humanistas. Lo que sí es seguro es el rechazo absoluto que todos ellos tienen respecto al conductismo como algo definitivamente “no-dialéctico”.
Pero ¿eso es realmente así?
La tesis (no exhaustiva) de este post es que, si queremos presentar el conductismo actual con una retórica dialéctica, eso sería extremadamente fácil. Incluso la “mecánica” de su funcionamiento se vería mucho más congruente con las propiedades conceptuales dialécticas que en otros casos teóricos. De hecho, ya he tratado este tema en otros lugares (por ejemplo pulsar 1 , pulsar 2), sin encontrar refutación alguna.
Así, como lo he dicho en esas otras ocasiones (a las que remito para la fundamentación bibliográfica correspondiente), ninguna de las cualidades analíticas atribuidas al método dialéctico es ajena al análisis conductual. Por ejemplo, si hablamos de las funciones “E-R”, éstas sólo son concebibles dentro de un sistema fluctuante de interdependencias entre las variables contingenciales que conforman un episodio de comportamiento, y con referencia a un contexto históricamente demarcado. Igualmente, su nivel de complejidad está determinado no por el carácter de su manifestación real, sino por la apreciación momentánea que el observador hace del tipo de interacción molar o molecular que requiere estudiar.
Técnicamente, un enfoque molar permite que cada clase general de conducta o sistema contingencial pueda ser la referencia para descubrir el orden y finalidad subyacente a la variedad de sus elementos, y servir de herramienta conceptual heurística. Un enfoque molecular, en cambio, implica que cada miembro de una clase conductual pueda ser susceptible de ser analizado exhaustivamente en sus unidades básicas, fraccionadas para el efecto.
En este sentido, el análisis de proceso que se lleva a cabo respecto al objeto de estudio incorpora los eventos discretos (ocurrencias inmediatas en términos paramétricos) como actividades que modifican el aspecto histórico del sistema contingencial, variándolo o confirmándolo en diversos momentos de su dinámica.
Podría hacer muchas otras disquisiciones complementarias a lo dicho, pero lo más “dialéctico” que encuentro en el conductismo es, esencialmente, su planteamiento contextualista de base respecto del objeto de estudio de la disciplina. Éste es uno solo: el comportamiento, una totalidad que comprende tanto aspectos “internos” como “externos”. La conducta como interacción molar o molecular entre el individuo y su entorno involucra en diversos planos tanto lo “subjetivo” como lo “objetivo”: lo cognitivo, lo emotivo, lo volitivo, lo motor y lo fisiológico, entendiendo que todo ello no funciona separadamente, sino que constituyen facetas del mismo ocurrir fenoménico y sujetas a las mismas leyes, lo que hace innecesaria la distinción entre eventos “observables” e “inobservables”.
Que este lenguaje no incorpore más frecuentemente la alusión a la consciencia ni otros términos caros a la terminología “progresista”, no quiere decir que no considere semejantes conceptos inmersos en la noción general de historia interactiva, y no como algo abstracto, pues está claro que se trata de productos social-verbales.
Por último, en el conductismo la relación entre la teoría y la práctica está muy articulada, partiendo de que el conocimiento real del mundo y sus fenómenos se puede lograr a través de sucesivos contactos con los eventos y su transformación. Esto es, mediante el empleo del método experimental y la verificación empírica de los principios y nexos que articulan la realidad. El error de los críticos anti-conductistas radica en achacar a estos procedimientos las falencias de la mecánica pre-relativista, juzgando que simpatiza con la causalidad lineal y necesaria del paradigma laplaceano, cuando para el determinista contemporáneo, como se sabe, la causalidad “necesaria” es reemplazada por la causalidad “legal”. Vale decir, “dados suficientes datos sobre ciertas dimensiones del espacio-tiempo, es posible inferir algo sobre otras similares con una probabilidad razonablemente elevada”. Eso es una concepción estocástica basada en regularidades estadísticas (por ejemplo, la ley del refuerzo).
Existe una multitud más de señalamientos que apuntalan la tesis enunciada. Baste decir que el conductismo en la actualidad presenta varias opciones teóricas que, cada una a su manera, satisfacen a nivel de aptitud académica los rudimentos de una noción dialéctica. Es cuestión de ponerse en su perspectiva, dejando de lado el dogmático arsenal de clichés que obnubila la comprensión de cierto sector de la comunidad psicológica.

lunes 29 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO SEGÚN J. B. WATSON

Entre las muchas simplificaciones de las ideas de Watson sobre la psicología y los tópicos que trata, se halla en uno de los primeros lugares el aserto de que el buen John Broadus identificaba el lenguaje con el pensamiento, distinguiendo a éste excelentísimo proceso -¡maravilla de la naturaleza y gloria del género humano!-, con el nada honroso calificativo de “habla subvocal”, lo que parecería igualarnos con los pericos.
Sin duda el propio Watson tiene responsabilidad en el origen de este malentendido, al no ser claro en sus primeros escritos sobre el tema. Pero aquí mostraré que, si bien su concepción de lo que es “pensamiento” es general, organocéntrica, meramente introductoria e incluso mal expresada (“pensemos” que en su época no había mucho de dónde extraer ideas sobre eso), en cambio no llega al primitivismo que se le ha achacado.
La primera vez que Watson se refirió al pensamiento lo hizo en una brevísima nota de pie (la séptima), al final de su célebre manifiesto de 1913 (aquí). Allí señalaba que los procesos de pensamiento podían concebirse en el marco de manifestaciones musculares, tanto las vinculadas al ejercicio abierto de la costumbre de actuar, como, muy especialmente, a los sistemas involucrados en la musculatura de la expresión discursiva (hábitos de pensamiento motor relacionados con la laringe). Parece ser que fue un texto añadido a último momento debido a que en la misma revista iba a salir publicado otro artículo ligado exclusivamente al discurso subvocal, por lo que el contenido del breve comentario debe juzgarse en ese contexto.
Luego, en 1920, volvió más extensamente sobre el punto (aquí), pero, en realidad, añadiendo poco a su concepción fundamental. Concluía que el pensamiento “es un gran proceso verbal” relacionado con la actividad implícita. Pero, ojo: como queda claro al leer el artículo completo, él entendía por “verbal” todo lo concerniente a la capacidad de actuar del organismo como un todo, tanto física como emocionalmente, con miras a la expresión y a la solución de problemas. En otras palabras, a la adaptación al mundo.
Esto lo señaló Watson más clara y sintéticamente en su conocido gran libro de 1924, El Conductismo (quizá el más citado pero el menos leído por los no-conductistas), con las siguientes palabras:
“Deseamos recalcar ahora que siempre que el individuo piensa, toda su organización corporal trabaja (implícitamente)... Parece razonable suponer que en momentos sucesivos el pensamiento puede ser kinestésico, verbal o emocional. Cuando la organización kinestésica está bloqueada o falta, entonces funciona la verbal, si ambas quedan bloqueadas, la organización emocional se torna predominante” (Watson, 1924/1961; pp. 249-250).
Por último, subrayó más su versión al respecto en el apéndice del libro, donde consigna en su exposición polémica contra el inefable McDougall:
“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (ib., pp. 297-298).
Creo que este planteamiento de base no está, en buena cuenta, muy lejos del que Skinner presenta en su capítulo sobre el pensamiento de Conducta Verbal (dicho sea de paso, tampoco satisfactorio).
A pesar de estas aclaraciones, Watson quedó marcado para siempre con el estigma del primitivismo teórico sobre el pensamiento. De hecho, en el mismo prólogo a la edición en español hecha por la editorial Paidós de El Conductismo, el Dr. Emilio Mira y López afirmaba directa y peladamente que Watson decía que el pensamiento no era otra cosa que un monólogo implícito o hablarse a sí mismo (ib., p. 14). No hay peor ciego que el que no quiere ver ¿no?
¡Y muchos conductistas también lo creen así! Valga esta reactualización de su verdadera postura para incentivar una lectura más precisa y respetuosa de su obra.

Watson, J. B. (1924/1961). El Conductismo. Buenos Aires: Paidós.

lunes 25 de mayo de 2009

EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD

En Daylimotion he encontrado un documento audiovisual muy interesante, subido por un colega español (Raúl Spert), que trata sobre el "experimento de la prisión", realizado en los años 70 por el conocido psicólogo conductual-cognitivo Phillip Zimbardo y sus colaboradores, en la Universidad de Stanford.


Los sujetos voluntarios fueron estudiantes que desempeñaron los roles de "guardias" y "prisioneros" en un ambiente preparado para simular una prisión ficticia. El experimento sólo duró una semana antes de ser suspendido por la fuerte carga de insanía sádica que conllevó a los pocos días la relación entre los guardias (convertidos espontáneamente en victimarios), y sus prisioneros (convertidos en víctimas). Esta investigación demuestra, según Zimbardo, que cualquier ser humano puede ser "perverso" si durante el tiempo suficiente forma parte de una estructura contingencial preparada para producir (reforzar inadecuadamente, no castigar, no extinguir, no reforzar alternativas incompatibles) condiciones de maldad o amoralidad.